El Miedo a los Payasos Podría Tener su Origen en Joey, un Payaso Triste del Siglo XIX

Imagen de Joseph Grimaldi caracterizado como Joey (1778-1837)
Vocabulario útil

Anidar: Morar, habitar, existir en algo

Anomalía: Cambio o desviación con respecto a lo que es normal.

Aterrar: Dar miedo, asustar.

Atribulado: Problemático

Autolesionarse: Dañarse o lesionarse uno a sí mismo.

Cotidiano: Que se hace cada día.

Desconcertante: Dícese de algo que produce desconcierto o perplejidad.

Enigma: Misterio sin resolver.

Enorme: Grande, gigantesco.

Escalofriante: Que produce pavor, miedo o sorpresa.

Faz: Cara, rostro.

Fobia: Miedo, terror a algo.

Grotesco: Ridículo, extravagante, grosero, de mal gusto.

Horrorizar: Dar miedo, asustar.

Ideas suicidas: Ideas encaminadas a acabar con la vida propia.

Inquietante: Que produce inquietud o ansiedad.

Mejilla: Prominencias debajo de los ojos, en la cara.

Mencionar: Decir, aludir.

Mimo: Persona que utiliza los gestos y la mímica de forma teatral.

Repulsivo: Asqueroso, que produce asco o desagrado.

Revolucionar: Generar un cambio o una revolución.

Siniestro: Que causa angustia por ser algo macabro o inquietante.

Sobrellevar: Soportar.

Solapa: Parte de una prenda de vestir unida al cuello que se dobla hacia afuera.

Tiranía: Forma de gobierno en la que una persona ostenta el poder absoluto.

Tortura: Castigo físico o psíquico.

Truco: Trampa o procedimiento ingenioso

Zanco: Largos pilares de madera que son como una extensión de las piernas.

El miedo a los payasos es un misterio de la psicología moderna. Detrás de su sonrisa y alegres colores, los payasos parecen abrir una puerta a algo más oscuro. El reciente estreno de la película IT nos da la oportunidad de investigar por qué nos inquietan los payasos. Quizá todo empezara en el siglo XIX con un payaso llamado Joey.

El miedo a los payasos

Los payasos tienen algo especial, ¿verdad? La ropa que llevan, la corbata, las enormes flores que decoran la solapa de sus trajes y esos grandes zapatos con los que dan enormes zancadas. Y todo ello decorado con los colores más vistosos y alegres que podamos imaginarnos. Y el rasgo principal: la sonrisa. Una sonrisa distinta, eterna, inmutable. Todo perfectamente diseñado para hacernos felices. Además a los niños les encantan. De hecho, hospitales de todo el mundo utilizan la payaso-terapia, con buenos resultados, para aliviar el sufrimiento de los niños enfermos de las unidades de pediatría.

Pero hay algo siniestro en los payasos que nos asusta desde niños y que la psicología clínica no termina de explicar. El DSM-IV, de hecho, ni siquiera menciona explícitamente, la fobia a los payasos aunque sí el miedo a las personas disfrazadas. El término médico es coulrofobia y procede del griego φόβος (miedo) y κωλοβαθριστής (al que camina sobre zancos). Gracias al reciente estreno de la película IT, basada en una novela de Stephen King, parece un buen momento para analizar por qué esta fobia a los payasos nos persigue desde hace décadas. En esta novela, publicada en 1986, el payaso Pennywise aterrorizaba a un grupo de niños en la ciudad norteamericana de Derry (Maine). En Los Simpsons, Bart era perseguido por Krusty el payaso, en los comics de Batman, el Joker sembraba el caos y en la película de Steven Spielberg, Poltergeist, un payaso de juguete horrorizaba a los niños de una familia americana. Aunque parezca increíble, el origen de esta macabra relación entre niños y payasos sigue siendo un enigma, así como por qué la representación del payaso nos asusta. No obstante, intentaremos dar algunas claves desde el punto de vista psico-antropológico.

El valle inquietante de Freud

Quizá el origen de estos miedos haya que buscarlo en un hombre que vivió en Londres entre los siglos XVIII y XIX llamado Joseph Grimaldi y que revolucionó la figura del payaso pintándose, por primera vez, la cara y el cuello de blanco, dos triángulos rojos en las mejillas, espesas cejas y una desconcertante sonrisa con labios, también, de color rojo. Grimaldi acababa de crear a Joey, el primer payaso moderno de la historia. Sigmund Freud hablaba de heimlich (cotidiano) y unheimlich (oculto) para referirse al valle inquietante, es decir, la sensación de que en algo cotidiano (la cara de Grimaldi) se esconde una anomalía (la cara de Joey).

La grotesca vida de Joey y la trágica vida de Grimaldi

La vida de Grimaldi fue una vida traumática marcada por la tiranía de su padre. Según Andrew McConnell, autor de The Pantomime Life of Joseph Grimaldi, su padre llegaba a usar torturas medievales e incluso había encerrado en jaulas a otros niños, también aprendices de bailarines o mimos, para disciplinarles en el mundo de las artes escénicas. Otra tragedia volvería a marcar su vida cuando su mujer fallece durante el parto de su único hijo que, también sería payaso y terminaría cayendo en las redes del alcoholismo, muriendo a la edad de 30 años. Grimaldi pasa sus últimos años de vida como un alcohólico, solo, sufriendo las secuelas físicas de las exigentes actuaciones de Joey, con problemas respiratorios, sumido en la depresión y con ideas suicidas.

Quizá la atribulada vida personal de Grimaldi hacía que las actuaciones de Joey también fueran desconcertantes y, en ocasiones, grotescas. Grimaldi llegaba a subirse a unos larguísimos zancos, a autolesionarse en el escenario o a colgar a su hijo de una cuerda simulando que éste era un pequeño mono selvático. Incluso Charles Dickens, que llegó a conocer a Grimaldi en vida, definía la grotesca imagen de Joey en su obra Los Papeles Póstumos del Club Pickwick de 1837 en estos términos: Él estaba dispuesto para la pantomima, con el absurdo indumento que corresponde al clown… Su cuerpo seco y sus encogidas piernas…, sus ojos vidriosos, contrastaban terriblemente con la espesa capa de blanco que por su faz se extendía, su grotesca cabeza…sus largas manos huesudas, blanqueadas con yeso…, todo contribuía a darle una apariencia extraña y repulsiva…que aún hoy me estremezco al recordar.

Ridi, pagliaccio, ridi

Quizá Grimaldi proyectó en Joey su interior alcohólico, depresivo y suicida bajo una máscara de colores, sonrisas y trucos sobre el escenario. Todo para poder sobrellevar su propia existencia. Los cineastas y novelistas de los siglos XX y XXI solo han tenido que actualizar la imagen de Joey haciéndola mucho más siniestra y escalofriante. Desde un punto de vista psicosocial quizá Joey, el payaso loco, no sea más que un espejo de nosotros mismos, de cómo detrás de nuestra propia felicidad anidan el miedo, la depresión y la soledad. ¿Qué mejor forma de esconder lo peor de nosotros mismos que tras los alegres chistes de un payaso? Grimaldi decía “estoy triste todo el día pero, por la noche, les hago reír”. Ridi, pagliaccio, ridi.

Comprensión lectora:

1. ¿Qué relación tiene el valle inquietante del que hablaba Freud con los payasos?

2. ¿Crees que la fobia a los payasos debería de tener una categoría propia dentro del DSM?

AUTHOR Prof. Jorge C. Berriatúa is the Managing Editor of the ICBMed Bulletin and Co-Founder of ICBMed. He did his B.A. in Linguistics and Masters of Education at the University of La Rioja, Spain, and his Masters of Medical Translation at UNED, Madrid, specializing in medical reporting, translating and teaching.

Jorge C. Berriatúa, M.Ed., MSc in Medical Translation

President & Co-founder, ICBMed

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