Por favor Dios, que no hayamos matado a John Wayne

Imagen: John Wayne en ‘The Searchers’, Warner Brothers.
Vocabulario útil

Ansia: Estado de intranquilidad o inquietud.

Automoción: Relativo a coches/vehículos (alude a compañías fabricantes de coches).

Bañista: Persona que toma un baño en una piscina o en el mar.

Contraer: Adquirir una enfermedad.

Damnificado: Persona que ha sufrido algún daño.

Detonar: Hacer explosionar.

Detonante: Dícese de algo que detona o explota.

Exponer: Ser vulnerable a algo.

Hongo atómico: Nube nuclear que sucede a una explosión atómica.

Icono: Imagen representativa de algo.

Indemnización: Abonar dinero a alguien restituyéndole un perjuicio ocasionado.

Interpretar un papel: Asumir un rol o personaje en una obra de teatro o película.

Isótopo: Átomo de un mismo elemento.

Leucemia: Cáncer de la sangre que debuta en la médula ósea.

Linfoma: Tumor maligno del ganglio linfático.

Lluvia radioactiva: Precipitación a la tierra de los residuos de una explosión atómica.

Maniquí: Figura con forma humana.

Maqueta: Reproducción de un edificio o monumento.

Nocivo: Perjudicial, dañino.

Opinión pública: Conjunto de creencias u opiniones de una comunidad humana.

Rodar: Filmar o grabar una película.

Terapéutico: Dícese de algo que tiene la capacidad de curar.

Entre mayo y agosto de 1954, John Wayne rodaba cerca del desierto de Nevada, donde el ejército de EE.UU. llevaba a cabo pruebas atómicas. De los 220 miembros del rodaje, 91 contraerían cáncer y habría 46 fallecidos. Ésta es la historia de El Conquistador de Mongolia, una película donde la realidad supera a la ficción.

La era atómica

Tras el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (Japón) el 6 y 9 de agosto de 1945, la década de 1950 vería el inicio de una era marcada por las ansias norteamericanas por conocer todo lo relacionado con la energía atómica. Así, en pleno desierto de Nevada, el ejército de EE.UU. construyó gigantescas maquetas a modo de ciudades, las llenó de maniquíes y de vehículos cedidos por algunas de las compañías de automoción más importantes del país y detonó decenas de armas nucleares, sobre todo, entre los años 1951 y 1957.

Experimentos llevados a cabo en suelo americano para averiguar qué era exactamente la energía atómica y cuáles sus devastadores efectos sobre estructuras, coches y muñecos. Pero el Pentágono no había contado con que El Duque, como se conocía a John Wayne, rodaría una película llamada El Conquistador de Mongolia cerca de St. George (Utah) a escasos 220 kilómetros de Yucca Flats (Nevada), epicentro de las pruebas nucleares y, sobre todo, de una bomba atómica de 32 kilotones llamada “Harry” detonada el 19 de mayo de 1953 y causante de una de las mayores lluvias radioactivas de la historia.

El Conquistador de Mongolia

Producida por Howard Hughes y dirigida por Dick Powell entre mayo y agosto de 1954, El Conquistador de Mongolia está considerada una de las peores películas de la historia del cine. En ella, John Wayne interpreta el papel del conquistador mongol, Genghis Khan y Susan Hayward al interés amatorio de Wayne.

La película, no obstante, ha pasado a la historia por razones ajenas a las cinematográficas, concretamente porque según un artículo de la revista People publicado en 1980, noventa y uno de los 220 miembros del rodaje, contrajeron cáncer, de los cuales fallecieron 46, incluidos Wayne, Hayward y Powell. La mencionada localidad de St. George sería, además, literalmente, bombardeada por lluvia radioactiva antes, durante y después del rodaje de El Conquistador de Mongolia.

La lluvia radioactiva

Este año celebramos el 110º aniversario del nacimiento de John Wayne. Podría dedicar todo el artículo a explicar lo que casi todo el mundo sabe, que ha sido el icono más grande que ha dado la industria cinematográfica. Lo que, quizá, no todo el mundo sepa es que durante el rodaje de la citada El Conquistador de Mongolia, se expuso a niveles nocivos de radiación que, quizá, terminaron por costarle la vida.

Wayne fue diagnosticado de un cáncer de pulmón en 1964 y de un cáncer de estómago en 1976 y, si bien es cierto que fumada casi 6 paquetes de cigarrillos al día, según los expertos, la exposición a la radioactividad pudo ser el detonante de su larga enfermedad. Según información de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) durante el rodaje de El Conquistador de Mongolia Wayne, el resto del equipo de rodaje y los habitantes de St. George fueron expuestos a 19 isótopos radioactivos, entre ellos, estroncio-90, carbono-14, cesio-137 y yodo-131.

Aunque desde el punto de vista cinematográfico, la película fue un auténtico fiasco, sirvió para llamar la atención sobre la exposición a la que habían sido sometidos, durante décadas, los habitantes de las localidades cercanas a los puntos de impacto nuclear. Un artículo publicado por el Journal of the American Medical Association en 1984 confirmaba que los índices de linfomas, cánceres y leucemias de los habitantes del sudoeste de Utah eran hasta cinco veces mayores que los del resto de la población norteamericana.

El mayor espectáculo del mundo

En cualquier caso, resulta sobrecogedor lo poco que la ciencia médica sabía sobre los efectos de la radiación en el ser humano en la década de 1950. De hecho, como puede verse en la foto adjunta, el Pentágono invitaba a VIPs, a personalidades de la política y del ejército a contemplar las espectaculares detonaciones, protegidos, solo, con unas gafas de sol, como si estuviesen viendo una película en 3D en una sala de cine.

Fuente: Archivos Nacionales de EE.UU.
Por otro lado, las autoridades norteamericanas aseguraban a la población que las explosiones atómicas eran seguras y que no había nada que temer. De hecho, la población se maravillaba observando los brillantes colores que emanaban del resplandor atómico. En las imágenes que vemos a continuación, extraídas también de los Archivos Nacionales de los EE.UU., vemos cómo unos bañistas observan, tranquilamente, las explosiones que se desarrollan cerca de sus hogares, y como “Miss Bomba Atómica”, la actriz Lee Merlin, promociona las explosiones del desierto de Nevada con un bikini blanco a modo de hongo atómico.
Fuente: Archivos Nacionales de EE.UU.

Fuente: Archivos Nacionales de EE.UU.

La Ley para la Indemnización de Damnificados de la Radiación

No obstante, la década de 1950 queda, ya, muy lejos en el tiempo y los conocimientos que hemos ido adquiriendo en oncología y radiación, así como la presión ejercida por la opinión pública hicieron que el 5 de octubre de 1990, el Congreso de EE.UU. aprobara la Ley para la Indemnización de Damnificados de la Radiación (RECA). Una ley que contempla indemnizar con entre 50.000 y 70.000 dólares por afectado a todos aquellos que estuvieron expuestos a la lluvia radioactiva en los estados de Arizona, Nevada y Utah, incluida, como no, la localidad de St. George. El plazo para solicitar estas indemnizaciones finaliza el 9 de julio de 2022.

Los testimonios a los que he tenido acceso mientras me documentaba para este artículo de habitantes de la localidad de St. George son aterradores. Hay personas que han perdido amigos, familiares y conocidos. Todos a consecuencia de un cáncer, una leucemia o un linfoma. Y todos, según los testimonios, por culpa de la lluvia radioactiva de aquellos años.

Los expertos en radiación me cuentan que todavía tenemos mucho que aprender en materia de radiación, que ésta sigue siendo un enemigo mortal que no entendemos del todo y que, quizá, el ser humano no supere la adolescencia tecnológica de la que hablaba Carl Sagan y terminemos por autodestruirnos. En cuanto a Wayne, deciros que a medida que se iban sabiendo más datos acerca de los letales efectos de la radiación sobre el cuerpo humano, se cuenta que en 1980 un científico del Pentágono exclamó: “Por favor, Dios, que no hayamos matado a John Wayne.” Yo añadiría “y que el único uso que hagamos de la energía atómica sea terapéutico”.

Comprensión lectora:

1. ¿Cuántos isótopos radioactivos cayeron en el desierto de Nevada según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC)?

2. ¿Crees que el ser humano superará la adolescencia tecnológica de la que hablaba Carl Sagan y evitaremos la destrucción atómica?

AUTHOR Prof. Jorge C. Berriatúa is the Managing Editor of the ICBMed Bulletin and Co-Founder of ICBMed. He did his B.A. in Linguistics and Masters of Education at the University of La Rioja, Spain, and his Masters of Medical Translation at UNED, Madrid, specializing in medical reporting, translating and teaching.

Jorge C. Berriatúa, M.Ed., MSc in Medical Translation

President & Co-founder, ICBMed

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