El Fuego: Alimento de Pirómanos y Origen del Arte Rupestre

Fuente: Museo de Altamira, Santillana del Mar, Cantabria (España)
Vocabulario útil
Arrasar: Destruir, aniquilar, consumir

Brote psicótico: Ruptura de la realidad de forma temporal.

Consumir: Destruir, aniquilar, arrasar.

Dar rienda suelta: Dejar que algo ocurra o suceda.

Estado maníaco: Estado anímico eufórico o inadecuado en una determinada situación.

Fascinado: Embrujado, maravillado, deslumbrado.

Indispensable: Esencial, necesario.

Irrefrenable: Que no puede detenerse.

Palidecer: Disminuir, perder una cosa su importancia.

Piromanía: Tendencia patológica a provocar incendios.

Retraso mental: Funcionamiento intelectual por debajo de la media.

Tridimensionalidad: Cualidad de ser tridimensional o tener volumen.

Hace miles de años, el mismo fuego que hoy nubla la mente de los pirómanos que, recientemente, han incendiado regiones de España y EE.UU., fue la fuente de inspiración de los primeros artistas de la humanidad.

Los incendios de California y Galicia

Escribo estas líneas mientras veo las tristes noticias que llegan de dos países con los que tengo profundos lazos familiares: EE.UU. y España. Unidos ambos, en esta ocasión, por el fuego que ha consumido, incontroladamente, las regiones de California y Galicia, respectivamente, pero unidos, también, por algo mucho más siniestro: la sospecha de que parte de estos incendios hayan podido ser provocados por pirómanos. Personas fascinadas por la visión del fuego o por la purificación que el fuego lleva consigo o quizá, simplemente, por el deseo irrefrenable de verlo todo consumido por las llamas. La fascinación por el fuego le viene al hombre desde que lo descubrió, por primera vez, hace más de 800.000 años. Una fascinación, no obstante, que sigue siendo un misterio para la psiquiatría.

Un misterio de la psiquiatría moderna

Aunque parezca difícil de creer, para el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), la piromanía se define, solo, como un trastorno impulsivo-compulsivo de la conducta de etiología desconocida. Resulta, también, sorprendente leer todos los criterios de exclusión que el DSM establece para esta patología: embriaguez, trastorno de la conducta, trastorno de la personalidad antisocial, estado maníaco, psicosis, retraso mental, síndrome cerebral orgánico, brote psicótico, venganza, demencia, ideologías políticas e intereses económicos.  Es decir, casi todo lo que podríamos pensar que impulsa a alguien a prender fuego a algo, intencionadamente, no lo hace.

La piromanía, una palabra que deriva del griego πυρός (fuego) y μανία (locura) es un trastorno, casi, exclusivo de los varones, su prevalencia es del 1% en la población general y su tratamiento se basa en la administración de psicofármacos. La curación, no obstante, no suele llegar y las recaídas son algo consustancial a esta patología. Pero hoy no quiero hablaros del uso nocivo y turbador que la retorcida mente del pirómano hace del fuego. Hoy quiero contaros una historia que, aunque tiene que ver con el fuego, es una historia de luz. La historia de los primeros pintores de la humanidad.

El origen del arte rupestre

Hay dos lugares claves en la historia del arte rupestre: la cueva de Chauvet (Francia) y la de Altamira (España). Chauvet fue descubierta por Jean-Marie Chauvet en 1994 y tiene más de 35.000 años de antigüedad. Altamira, por Marcelino Sanz de Sautuola y nos hace viajar en el tiempo casi 20.000 años Ambas fueron descubiertas por casualidad y en ambas, el fuego, jugó un papel indispensable como elemento iluminador de la labor del artista.

Fuente: Museo de Chauvet-Pont d´Arc, Ardèche (Francia)
Hace ya años que ninguna de las dos cuevas puede visitarse porque el CO2 que emitía la respiración de los visitantes estaba dañando las pinturas. No obstante, en el verano de 2015, mi mujer y yo tuvimos la ocasión de visitar la réplica de la cueva de Altamira ubicada a pocos kilómetros de la localidad cántabra de Santillana del Mar, en el norte de España.

Fue allí donde descubrimos que, en Altamira, fue la mano de un único pintor la que dibujó los cuerpos de los animales porque los arcos que dibujan los lomos de los animales tienen las mismas dimensiones. Fue ese mismo pintor el que utilizó las protuberancias naturales de la cueva para dar volumen y tridimensionalidad al cuerpo de los animales. Un pintor que se adentraba, probablemente cada día, a la zona más alejada de la entrada de la cueva para, en la más absoluta soledad, para pintar los bisontes más bellos jamás pintados por la mano del hombre. Y todo ello gracias a las lámparas de tuétano (grasa animal) o cera de abeja que generaban el fuego necesario para iluminar sus horas de trabajo y dar rienda suelta a su imaginación.

El primer cine de la historia

Pero el fuego que le iluminó, le sirvió, también, para algo más que para poder ver. Según el catedrático de prehistoria de la Universidad de Toulouse, Marc Azéma, los artistas paleolíticos se dieron cuenta de que podían utilizar el fuego y las luces y las sombras que las llamas generaban para dar la sensación de que los animales se movían. Según Azéma, estaríamos ante el primer cine de la humanidad.

Video: Reconstrucciones en movimiento de Chauvet según Azéma
Nuestra visita a Altamira fue una experiencia transformadora. Yo, particularmente, me di cuenta de que todo lo que somos, hoy, ya lo hemos sido antes. El retorcido misterio de la piromanía que ha incendiado partes de España y Estados Unidos palidece ante la genialidad del misterio del hombre paleolítico. Para el pirómano moderno el fuego es, solo, una puerta abierta a un enfermizo deseo por contemplar cómo todo es arrasado por las llamas. Para el hombre del paleolítico, las llamas y el fuego son la llave del arte, la creatividad, la belleza y la vida. En palabras de Pablo Picasso, “después de Altamira, todo es decadencia”.
Comprensión lectora:

1. ¿Es la piromanía un trastorno impulsivo-compulsivo secundario a un brote psicótico?

2.  ¿Has visitado alguna vez Cantabria, la comunidad autónoma española en la que se encuentra el Museo de Altamira?

AUTHOR Prof. Jorge C. Berriatúa is the Managing Editor of the ICBMed Bulletin and Co-Founder of ICBMed. He did his B.A. in Linguistics and Masters of Education at the University of La Rioja, Spain, and his Masters of Medical Translation at UNED, Madrid, specializing in medical reporting, translating and teaching.

Jorge C. Berriatúa, M.Ed., MSc in Medical Translation

President & Co-founder, ICBMed

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